Mittwoch, 7. Juni 2017

Hogar temporal

1 de junio de 2017.
Las despedidas siempre suelen ser un tanto amargas, pero esta nos supo agridulce, nos vamos tres semanas. Tres semanas sin ver a tu familia, a esos que haz visto durante toda tu vida todos los días en tu hogar. Cierto escritor dice que "hogar es ese lugar donde las personas que habitan tienen la obligación de aceptarte cada vez que llegas", pero hay que agregar que hogar también es ese lugar donde esas personas no quieren dejarte ir. Y así es; el día que nuestro viaje inició pude ver a todas las familias con una sonrisa melancólica en sus rostros y unos ojos brillando por las lágrimas que no querían derramar, pero ellos sabían que cuando cruzáramos la primera puerta de seguridad dejarían caer esas lagrimas que siempre habían estado ahí.
¿Cómo se inicia un buen viaje internacional?
Respuesta: Generalmente se inicia con calma y siguiendo el itinerario planeado.
Nuestro viaje solo inicio con calma, porque nuestro vuelo se retrasó desde el principio.



Fuimos citados a las 5:00 p.m. en el aeropuerto de Calera para salir de ahí en un vuelo de una hora de duración a la Ciudad de México. Todos esperábamos que fuese según lo planeado, pero no tuvimos en cuenta que el clima estaba en nuestra contra ese día. Nuestro vuelo que se suponía, saldría a las 7:00 p.m. tuvo que esperar por la típica lluvia zacatecana de junio. Al final, después de algunas horas de esperar, y varios intentos de hacer pasar el tiempo de cierta forma que quitara los silencios incómodos que había en la habitación de espera que estaba casi llena, en su mayoría por alumnos y profesores de la UAZ, nos llamaron a las 9:30 p.m. para finalmente cruzar la puerta que te permite subir a tu avión.
Llegamos a las 11:00 p.m. a la Ciudad de México, después de volar entre nubes llenas de agua y relámpagos que se podían ver a través de la ventanilla, solo para correr al siguiente vuelo que despegaría a las 12:00 a.m. directo a Amsterdam. Todos creíamos que teníamos el tiempo exacto para llegar y formarnos en la fila que estaba por abordar, pero todos fuimos detenidos porque faltaba llenar el documento de migración que todo mexicano debe llenar cuando sale del país. Después de que cada quien llenó su hoja estadística migratoria pudimos abordar al avión.
Al subir al avión yo me di cuenta que la mayoría de los personas que íbamos juntas desde Zacatecas ahora tendríamos que ir separados. Esa fue la primera pizca de nervios que todos sentimos, pero al observar la diversidad cultural que había en el vuelo todos empezábamos a sentirnos incomodados por eso. 



Era tarde y yo necesitaba dormir, así que lo hice. Entre olores extraños y algunos ruidos desperté para darme cuenta que estaban sirviendo la cena que no pude probar, la azafata ya había repartido las raciones a los asientos de enfrente de mí y de atrás, incluso al mexicano desconocido que iba sentado junto a mí. Traté de engañarme creyendo que no quería comer, pero en realidad sí lo deseaba, así que dormí de nuevo para olvidar que tenía hambre. Al despertar aún faltaba bastante tiempo para nuestra llegada, pasaron unas horas y unas película, y la azafata que vi alejarse en la cena ahora se acercaba con el desayuno que esta vez pude tomar. Era un plato de huevo con ejotes y frijoles, un yogurt y un pequeño pan. No pude decir que no a la comida, estaba hambriento. Incluso la comida de la aerolínea en la que viajábamos (conocida por ser mala) parecía saber rico para mi. Después de ver una película más finalmente llegamos a las 6:00 p.m. (hora de Europa Central) al aeropuerto de Amsterdam; uno de los aeropuertos más grandes y bonitos que he visto. Pasamos por aduana. Esperamos unas horas más, mientras todos enviaban mensajes a sus familias, a nuestro vuelo final a Bremen, tras un rato de estar sentados en la sala de espera pudimos subir a nuestro avión para el vuelo a nuestro destino final. Un vuelo corto, en el que todos tuvimos nuestra primer interacción directa con el alemán, recibimos agua y frituras de nachos saber queso. Al llegar y recoger nuestro equipaje somos recibidos por los chicos alemanes del intercambio con una pancarta que dice "Bienvenidos". Todos fueron llevados por las familias que darían hospedaje a los mexicanos, y yo finalmente conocí a Sofia y su familia, quienes, en su casa serán mi hogar durante estas tres semanas.
Crónica desde la vista de un mexicano confundido por el huso horario de Europa.
José Ángel Pérez Noriega.

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